Dicen del azafrán que es la especia más cara del mundo y que un kilo de la misma puede sobrepasar los 1800 €. ¡Pues con estos precios, las propiedades deben ser maravillosas… además de condimentar salsas y participar en otras elaboraciones culinarias! Pues sí, parece ser que, después de muchos estudios, han sabido dar con las bondades del azafrán. Y resulta que es muy eficaz para ayudar en las alteraciones de los estados de ánimo. Ahora que en estos tiempos tan difíciles las depresiones están a la orden del día, en vez de antidepresivos o viales de litio, vamos a tener que engancharnos al azafrán. El llamado oro rojo era utilizado ya en el siglo VIII por los árabes como anestésico y antiespasmódico. Después se le encontraron sus propiedades antitumorales, antinflamatorias y anticonvulsivantes. También favorece la digestión y alivia el dolor de las articulaciones, y ahora lo de la depresión. Pues nada, habrá que hacerse adicta al azafrán.
Llega el verano y con él, la temporada de gazpachos. Los incondicionales tienen todos los días su primer plato resuelto, y lo digo por experiencia. Tengo una amiga que desde que se pone manga corta, gazpacho sí o sí a diario. Bueno, pues como en casi todo, los gazpachos tienen mil y una recetas, cada cual aplica sus truquillos. Yo lo preparo de forma bastante tradicional, pero tengo que decir que a casi todos los que lo han probado les gusta bastante. Para un kilo de tomates utilizo un pimiento pequeño, una cebolla también pequeña y un pepino. Los tomates intento que sean mezclados: los rojos de rama y los canarios. Lavados y pelados, a la batidora. El pepino, sin pepitas, y el pimiento sin semillas, también a la batidora. La cebolla completa el pack, y a pasarlo todo bien. Una vez pasado yo lo cuelo por un colador fino porque me gusta que quede una textura muy ligera, para beber, y por eso tampoco le añado pan. Ya colado le añado sal, comino molino, un buen chorro de aceite de oliva y también un buen chorro de vinagre, a ser posible al Pedro Ximénez. Rectifícalo bien y a la nevera. Un primer plato resuelto.
Hoy vamos a preparar un pollo, que puede ser relleno o en piezas, con manzana. Una preparación sencilla y muy sana. Sala el pollo por dentro y por fuera y mójalo bien con un vino afrutado o sidra, a tu elección. Aparte, prepara un majado con hierbas aromáticas (pimienta, tomillo, romero, perejil, albahaca), y unta bien el pollo con las mismas. Si elijes rellenarlo, es la hora de preparar lo que le vayas a poner. Una buena elección es un poco de jamón troceado o beicon, ajo picado, laurel, unas rodajitas de limón, unos frutos secos (avellanas, piñones, nueces, anacardos…) y unos trocitos de manzana. Mezcla bien el relleno y mételo en el pollo. Después, átalo bien con un cordón, úntalo con aceite, y al horno. Simultáneamente, asa unas manzanas con un chorrito de aceite, unas gotas de licor (el cointreau le va fenomenal), y una pizca de azúcar. Las manzanas estarán en poco tiempo. Prepara un puré con ellas para que te sirva de guarnición. Pincha el pollo y cuando ya veas que está preparado, desata el atado y trínchalo. En una bandeja, preséntalo junto con el puré y un buqué de ensalada.
Hoy nos toca depurar nuestro organismo y para eso, nada mejor que el apio. Parece que la utilidad el apio se veía limitada a caldos o fondos de verdura, pero tiene tantas propiedades y es tan beneficioso para nuestra salud que tenemos que incluirlo en nuestra dieta cada vez que podamos. Sus propiedades son tantas que es difícil enumerarlas todas: ayuda a combatir la hipertensión, reduce los niveles de colesterol en sangre, es bueno para hacer la digestión, elimina toxinas, tiene una gran cantidad de fibra que ayuda en el tránsito intestinal, en antioxidante y anti nflamatorio, depura las toxinas de los riñones y del hígado, es rico en vitamina B1, B2 y B6, por lo que también es sedante y tranquilizante… ¿Qué os parece? ¿A que no podíais imaginaros que una sencilla vara de un vegetal fuera tan beneficiosa para nuestro organismo? Podéis comerlo tal cual, bien limpio y quitándole las hebras grandes, tomadlo simplemente en ensalada aliñado con sal y aceite (delicioso), incorporadlo a purés o sopas de verduras, preparar pasta salteada con apio… cualquier elaboración es buena para que os hagáis amigos íntimos del apio.
El otro día os dije que las mermeladas que nos ofrece el mercado son de muy buena calidad y que además, nos resultan muy cómodas a todos. Pues sí, es cierto, pero a veces nos encontramos con mucha cantidad de fruta en casa y no sabemos qué hacer con ella, o simplemente nos apetece preparar una confitura o mermelada. Ahora es una buena época para que os hagáis con un par de kilos de fresas, que están en su momento justo y a muy buen precio, y preparéis una mermelada diferente: fresas a la menta. ¿Qué os parece? Pues manos a la obra. Limpiar las fresas y quitarles el tallo. Partirlas en trocitos y añadirlas el zumo de dos limones, seis cucharadas de azúcar y unas cuantas hojas de menta troceadas. Dejarlo macerar entre 8 y 12 horas y luego poner toda la mezcla a calentar muy despacio, removiendo cada poco tiempo, y rectificando el sabor con azúcar o más menta, a vuestro gusto. Aproximadamente en media hora tendrás la mermelada lista. Colócala en tarros y ciérralos herméticamente dejándolos boca abajo para que se haga el vacío.
Un postre delicioso, muy visual, y sobre todo, muy sano. Preparad una crema ligera de yogur (a ser posible griego), batiéndolo mucho con un par de cucharadas de azúcar. Que quede bien ligado, es importante que no se noten los granitos del azúcar. Reservarlo. Preparad una mermelada con la fruta que más os guste o bien comprad una de buena calidad. Las mermeladas de frutas rojas están muy bien para esta elaboración. Después os toca preparar la fruta: mango, papaya, albaricoques, melocotón… lo que queráis. Pelad la fruta, triturarla y pasarla por un colador. Ahora ya sólo os queda montar el postre. Elegid una copa vistosa o un bonito bol que sea transparente para que se vean las capas. Poned la mermelada, la fruta, y el yogurt, y decorad con unas moras, grosellas o trocitos de fresas.
Después de una breve pausa retomo mis posts. Y como estábamos hablando del salmón, voy a seguir con una elaboración diferente y bien sencilla con la que quedarás estupendamente. Elige la fruta que más te guste, pero tiene que ser una fruta grande, de la que puedas sacar unas buenas rodajas o trozos: piña, papaya, mango… A mí particularmente me gusta mucho con mango porque le aporta un sabor muy peculiar. Poner el mango en el horno precalentado, con un chorrito de aceite de oliva, y cocinarlo entre diez y doce minutos. Ahora tenéis que hacer una vinagreta con aceite de oliva, vinagre (Jerez o Módena, a vuestra elección), unas bolas de pimienta blanca, alcaparras y eneldo picado. Colocad el salmón encima de mango y rociar con la vinagreta. Apetecible, ¿no?
¿A que nunca habéis pensado en preparar una crema de salmón? No suele ser muy habitual, yo la probé en casa de unos amigos y me encantó, y claro, me he quedado con la receta para mí, y ahora la comparto con todos vosotros. Utilizad un huevo por persona. Batidlos mucho, que queden bien ligados y añadidles una pizca de sal y un poquito de pimienta, pero poco. Muy despacio, y con un chorrito pequeño de aceite, id calentando los huevos sin dejar de moverlos. Cuando empiecen a cuajar, separarlos del fuego y añadir un chorrito de nata para que se cree una crema ligera. Poco a poco, despacio, ir añadiendo nata y pasándolo por la batidora, que os quede bien ligada la crema, suelta y sin grumos. Añadir pequeños trozos de salmón ahumado y pasarlos también por la batidora. Cuando tengáis la crema lista, cortar tiras de salmón. Servir todo en un bol bonito, con las tiras por encima de la crema, y adornar con eneldo picado.
Este plato es muy sencillo de hacer, y si algún día tenéis alguna visita que venga con niños, es ideal para los pequeños, ¡les encanta! Pedidle al pollero que os prepare unos buenos filetes de pechuga, que queden finitos, y limpiadlos bien. Salpimentar los filetes de pollo y ponerles encima una buena loncha de jamón serrano, york o bacon, lo que prefiráis. Atadlos con un cordón fino o con un palillo, y freídlos en abundante aceite. Sacarlos y ponerlos a escurrir en papel secante. En el mismo aceite que hayáis frito los filetes, dorad una cebolla picada fina y unos champiñones laminados. Incorporar un chorrito de vino blanco o unas gotas de coñac, medio vaso de agua y dejar evaporar el alcohol. Podéis echar una cucharadita de harina o maicena para espesar un poco la salsa. Después, añadir unas hojitas de espinacas o un poco de rúcula. En un par de minutos tendréis la guarnición preparada. Podéis incorporar los filetes de pollo y dejarlos hervir unos minutos o bien pasar la salsa por la batidora y servir los filetes salseados por encima.
No soy muy aficionada al repollo, y mira que me da rabia… Cuando voy a la frutería, siempre me dan ganas de llevarme uno para casa: me encantan sus hojas, su color, el rizado… pero es que me pongo a hervirlo y ya se me pone mal cuerpo, y aunque lo recoge con unos ajitos y pimentón, como que me lo tengo que tragar. Pues hace unas semanas no pude resistir la tentación de comprarme medio precioso repollo. Y de repente se me ocurrió la idea de comerlo salteado, sin cocerlo previamente. Pues nada, lo pasé por agua lavándolo bien entre las hojas, lo sequé, y con un cuchillo fino lo corté en tiritas muy finitas. Puse una sartén a calentar y freí una buena cantidad de ajos fileteados junto a media guindilla. Los reservé para que no se quemaran, y en esa misma sartén pasé el repollo, dándole unas vueltas simplemente, sólo para que pierdan la rigidez, pero que no se quede blando. Añadí los ajos, la guindilla y una pizca de comino molino. Un minuto, y listo para comer. ¡Delicioso! ¡Me encantó! Así que he repetido el plato en varias ocasiones cambiando el comino por canela o añadiéndole pasas, dátiles o trocitos de manzana. Es una guarnición estupenda para un pescado o unos filetes a la plancha.