Las manzanas asadas son un postre delicioso y muy sano. Yo prefiero las reinetas para esta receta, tienen un punto de acidez que, con el azúcar, las hace muy sabrosas. Lavad bien las manzanas y cortad la parte de arriba (donde está el tallo), sacando el trocito para poder ponerlo después con un gorrito. Rellenad el centro de la manzana con un par de cucharadas de azúcar (podéis sustituir el azúcar por miel) y una pizca de canela. Añadir un pequeño chorrito de licor: kirsch, ron blanco, vodka… Metedlas en el horno a temperatura media hasta que queden bien blanditas. Y luego podéis servirlas tal cual, o dejarlas enfriar y decorarlas con un poco de sirope, chocolate caliente, mermelada o salsa de frambuesas, y una buena bola de helado. ¡Ahora, después de esto, no pretendas meterte en un trajecito de Benetton!
Una tortilla francesa siempre te soluciona una comida bien acompañada por una ensalada de lechuga o tomate. Pero si encima, adornamos un poco la tortilla, pues mucho mejor. Todos recurrimos a hacerlas con atún, jamón york o serrano, o incluso con un picadito de ajo y perejil. Ayer me dijo una amiga que su madre le había preparado para cenar una tortilla diferente, rellena de sobrasada y queso de Mahón. Hombre, es un poco más potente que la normal, pero un día bien podemos darnos un capricho. Pues nada, batís los huevos, les añadís una pizca de sal (no mucho porque luego el queso y la sobrasada ya tienen suficiente sal), trocitos pequeños de sobrasada y cachitos de queso de Mahón. Una tortilla deliciosa que seguro que os encantará.
Lo primero que tenemos que hacer es limpiar las alcachofas. Quitar bien las hojas exteriores y la pelusilla que tienen dentro y frotarlas con limón para que no se pongan negras. Partir las alcachofas en rodajitas y meterlas en el horno con un buen chorro de aceite de oliva virgen hasta que se doren. La rúcula hay que freírla en abundante aceite uno o dos minutos y secarla bien con papel absorbente. Coced la pasta. Yo os sugiero que sea pasta grande y rallada, para que enganche bien el aliño, o podéis utilizar pasta rellena de jamón o queso. Una vez cocida, añadir las alcachofas, la reculas y aliñarla con un buen chorro de aceite de oliva virgen y unas gotas de vinagre de Módena. Después, en vez de queso rallado, sólo tenéis que espolvorear la almendra picada por encima, y servir.
¡Venga, armaos de valor! Hacer chipirones no es difícil, sólo un poco laborioso y entretenido. Lo peor, limpiar los chipirones. Comprad, dependiendo del tamaño, como 4 ó 6 chipirones para cada persona y limpiadlos bien. Dadles la vuelta porque en su interior suelen tener bastante suciedad. Una vez limpios, ponedlos a secar en un papel absorbente y añadidles un poco de sal, no mucho. Y ahora os toca empezar con el relleno. Tenéis que cocer 4 ó 5 huevos (reservad 3), y una vez fríos, picarlos finamente, al igual que un trocito de jamón serrano o de york, y las patitas y las orejas de los chipirones. Sofreíd cebolla o chalota, y cuando ya esté dorada, añadidle el huevo, el jamón y los trocitos de chipirón. Reservad. Ya en la cazuela que vayáis a cocer los chipirones, sofreír un par de cebollas picadas muy fino y cuando ya estén casi, añadir como 200 grs. de almendra cruda muy picadita, la yema machacada de 2 ó 3 huevos, y un chorrito de coñac o vino blanco y dejad que hierva unos minutos muy despacio. Mientras, os toca rellenar los chipirones con el huevo, el jamón, la cebolla y las patitas. Meter la mezcla bien adentro y sujetar el borde con un palillo. Pasarlos por harina y freírlos. ¡¡Ojo, tened cuidado porque los chipirones saltan mucho!! Poned una tapa a la sartén o hacerlos directamente en la freidora. Y una vez fritos, sólo os falta incorporarlos a la salsa y que hiervan despacio hasta que estén blanditos. Podéis acompañarlos con un poco de arroz blanco. ¡Deliciosos!
¡A mí me encantan los helados, qué le voy a hacer! De vainilla, de chocolate, de mantecado, de nata… salvo los de fresa, creo que me gustan casi todos. Hace ya unos cuantos años que la oferta de helados ha crecido de forma considerable, tanto en variedad de sabores como en calidad. ¡En algún lugar he leído por ahí que los hay hasta de callos a la madrileña o fabada asturiana! La verdad es que yo prefiero los clásicos, pero para gustos se han hecho los colores… Da un poco de pereza ponerse a hacer helado en casa, pero el resultado es estupendo. Hoy vamos a hacer un helado de mantecado, todo un clásico. No prepares demasiada cantidad porque con el tiempo las propiedades y los nutrientes del helado se estropean con facilidad. ¡Pues a ello! Pon en una cazuela un litro de leche, una ramita de canela y una cáscara de limón sin que tenga nada blanco y que hierva unos minutos pero a fuego muy lento. Retíralo del fuego y quítale la canela y el limón. Aparte tienes que batir un par de cucharadas de canela, 6 yemas de huevo, cuarto kilo de azúcar y 25 grs. de mantequilla. Lígalo todo bien y luego viértelo despacio sobre la leche y ¡bate, bate, bate…! hasta que la crema cubra el dorso de la cuchara. Después, pasa la mezcla por un colador y déjala enfriar en un recipiente metálico con hielo. Y de ahí, al congelador. De vez en cuando tienes que seguir moviendo la mezcla para que no cristalice, y cuando esté a la temperatura que te guste, sólo te queda servirlo en un bonito bol acompañado de unos toppings.He encontrado una receta que me ha producido curiosidad; yo desde luego pienso hacerla a ver qué tal. Y si no os atrevéis con el helado, siempre os queda la solución ‘visita a una heladería de calidad’. Y desde luego, hay dos que a mí me parecen insuperables: Häagen-Dazs y Palazzo.
Después del post de ayer dedicado a las salchichas y más propio de cocina rápida que de cocina sana, hoy vamos a preparar un pescadito. He elegido la lubina, un pescado de carne blanca muy sabrosa y también conocida como róbalo o robalo. Desde luego, si puedes encontrar y pagar una lubina salvaje, mucho mejor. Pero ahora son mucho más habituales las de piscifactoría, con muchísimo mejor precio y también bastante sabrosas. ¡Pues nada, a ponerse a limpiar pescado! Si lo prefieres, puedes decirle al pescadero que te la separe en dos lomos, quitándole bien las escamas y la espina central. Una vez abierta, con unas pinzas, quita bien todas las espinas que cubren el lomo. Es un trabajo un poco aburrido, pero luego, a la hora de comerla, se agradece no tener que estar separando las espinas. Una vez limpio, pon el pescado en una fuente de horno, sobre papel antiadherente y salpimentada. Un chorrito de aceite y un par de rodajas de limón será suficiente para cocinarla. Entre 8 y 10 minutos, dependiendo del tamaño, será suficiente para que el pescado esté listo. Aparte tienes que preparar un sofrito de tomate (pelados y sin pepitas), al cual puedes añadirle una cebolla bien picada o una chalota. Una vez frito, sepáralo del fuego y añade algún fruto seco (piñones, trocitos de almendra, pistachos) y hierbas frescas (albahaca, menta, tomillo… a tu elección). Un chorrito de vinagre de módena le dará un toque sabroso. Mete en pescado en la salsa y déjalo unos minutos para que liguen los sabores. ¡Y listo!
No soy muy amiga de las salchichas, ni las clásicas de Frankfurt ni las caseras de carnicería son muy de mi gusto, pero tengo que reconocer que hay días que viene muy bien abrir un paquete y preparar rápidamente unas salchichas o un perrito caliente que te apañen una cena. Yo utilizo algunos pequeños trucos para darles un toque diferente. Una opción es confitar cebolla, partida muy fina y cocinada muy despacio con un chorrito de aceite o mantequilla y un par de cucharadas de azúcar moreno o miel. Después puedes ponerlas en un bollito de perrito caliente, cubiertas de queso y con unos pepinillos. Otra opción es preparar una tortilla. Si la quieres hacer con salchichas frescas es mejor que las dores antes en la sartén. Las de Frankfurt las puedes mezclar directamente con el huevo porque ya están cocidas. Y luego, el procedimiento normal para hacer una tortilla. También puedes meterlas al horno junto a unos tomates pelados y unos pimientos. Ásalo todo junto; verás cómo los jugos de las verduras le dan un toque diferente. Tres formas distintas de consumir salchichas.
Hoy vamos a hacer una receta de las que mantienen el colesterol a raya: pavo relleno de frutos secos. También se puede hacer con pollo, pero el pavo aun es una carne más sana, casi sin nada de grasa. Haceos con una buena pechuga de pavo y abridla por la mitad. Aparte, trocead nueces, anacardos, almendras, avellanas, piñones… los frutos secos que os gusten y tostarlos un poco en una sartén previamente caliente. Añadid las hierbas aromáticas que prefiráis: tomillo, romero, orégano, menta, perejil, eneldo… también troceadas. Salpimentar y rellenar el pavo con la mezcla. También tenéis que salpimentar el pavo, no os olvidéis. Atáis la carne y la pasais por aceite bien caliente para cerrarla y que no se escapen los jugos. Después, la ponéis en el horno a temperatura viva (240º), unos 30 minutos, dependiendo del tamaño de la pieza. Podéis ir añadiendo un poco de caldo de carne para que quede jugosa. Reducís después este caldo y lo espesáis con una cucharadita de harina. Servidlo en rodajas con un buqué de ensalada.
En nuestro país las albóndigas están inevitablemente unidas al concepto pelotita de carne con salsa de tomate. Pues bien, no tiene por qué ser así. Podemos disfrutar de unas excelentes albóndigas de pescado, que son bastante más sanas. El procedimiento de elaboración es bastante similar. Elige un buen pescado. Yo prefiero hacerlas de pescado blanco porque salen bastante más suaves que las de pescado azul, aunque tampoco hay que hacerle ascos a unas buenas albóndigas de bonito o atún. Limpia bien el pescado, quítale todas las espinas y la piel y desmenúzalo. Añade al pescado un poco de pan humedecido en leche, un huevo, ajo molido, perejil y sal. Déjalo que macere bien y pasada una media hora prepara unas bolitas. Enharínalas y fríelas. Puedes preparar una salsa con cebolla y un poco de caldo, un tomate frito suave, una pasta fresca o un poco de arroz blanco para acompañarlas.
Yo he elegido las espinacas para esta receta pero podrías sustituirlas por acelgas, borrajas, cardo… Limpia bien las espinacas (o cómpralas ya limpias y cortadas, las de bolsita). Cuidado con las almejas; este molusco es bastante dañino si no está en buenas condiciones. Déjalas al menos una hora en agua salada para que suelten toda la arena que tienen dentro, y si notas que alguna no se abre bien o te da mala espina… a la basura, no merece la pena arriesgarse lo más mínimo. Sofríe una cebolla pequeña y un diente de ajo y añádele, cuando ya esté, una cucharadita de harina y una cucharadita de pimentón sin que se te queme. Pon un vasito de vino en la cazuela del sofrito, deja evaporar y añádele las almejas. Cuando se abran, incorpora las espinacas y rectifica de sal. Perejil picado, y el plato está listo. Si decides utilizar acelgas, cardo o borraja, como son más duras que las espinacas, deberás darlas un hervor antes para que no se te queden enteras.